Las tres joyas del budismo

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Las tres joyas del budismo

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Las tres joyasCuando se profesa públicamente la conversión a la fe budista, a menudo se proclama: “Me refugio en el Buda. Me refugio en el Dharma. Me refugio en la Sangha”. De hecho, el Buda, el Dharma y la Sangha son tan importantes que se les conoce como el Triratna, o la Triple Gema del Budismo. Proclamar la devoción a estas tres cosas es ser budista. Para recordar estos términos más bien orientales, vamos a tomar la primera letra de cada uno de ellos y relacionarlos con palabras occidentales. Estas palabras son “Devoción Budista Resumida”. Con esta pequeña cancioncilla en mente, pasemos a nuestras joyas budistas.

Mindfulness en lenguaje sencillo

En el budismo, el refugio o la toma de refugio se refiere a la oración o recitación que se realiza al principio del día o de una sesión de práctica. El refugio se toma en las Tres Joyas (también conocidas como la Triple Gema o los Tres Refugios). Son los tres soportes en los que se refugia un budista.
Los primeros textos describen los saṅgha como un “campo de mérito”, porque los primeros budistas consideran que las ofrendas a ellos son especialmente fructíferas desde el punto de vista kármico[5] Los devotos laicos apoyan y veneran los saṅgha, de los que creen que les reportarán méritos y les acercarán a la iluminación[8] Al mismo tiempo, se otorga al monje budista un papel importante en la promoción y el mantenimiento de la fe entre los laicos. Aunque en el canon se mencionan muchos ejemplos de monjes que se comportan bien, también hay casos de monjes que se comportan mal. En estos casos, los textos describen que el Buda responde con gran sensibilidad a las percepciones de la comunidad laica. Cuando el Buda establece nuevas reglas en el código monástico para hacer frente a las malas conductas de sus monjes, suele afirmar que ese comportamiento debe ser frenado, porque no “persuadirá a los no creyentes” y “los creyentes se apartarán”. Espera que los monjes, las monjas y los novicios no sólo lleven la vida espiritual en su propio beneficio, sino que también defiendan la fe del pueblo. Por otra parte, no deben llevar la tarea de inspirar la fe hasta el punto de la hipocresía o la inoportunidad, por ejemplo, asumiendo otras profesiones aparte de la de monje, o cortejando favores regalando objetos a los laicos[1][2].

Mahayana

Los “Tres Tesoros” de la tradición budista son el Buda, el Dharma y la Sangha. En todo el mundo budista, los budistas tienen en común estos Tres Tesoros. Ser budista significa refugiarse en los Tres Tesoros. Los budistas consideran que el Buda es el centro de sus vidas, así como la iluminación en general, las enseñanzas de los iluminados y la comunidad que sigue estas enseñanzas.
El Buda, el Dharma y la Sangha siguen inspirando a los budistas, pero no se entienden exactamente igual en todas partes. Un budista Theravada de Sri Lanka puede insistir en que Buda fue un explorador humano, nada más. Un budista chino de la Tierra Pura puede cantar el nombre del Buda Amitabha, visto como el Buda eterno de la Luz Infinita, con una oración para renacer en la Tierra Pura después de la muerte. Un maestro zen japonés podría escandalizar a uno con las palabras: “Si te encuentras con el Buda en el camino, ¡mátalo!”, en reconocimiento de que aferrarse a la seguridad del Buda crea tanto sufrimiento como cualquier otro deseo.

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En el budismo, el refugio o la toma de refugio se refiere a la oración o recitación que se realiza al comienzo del día o de una sesión de práctica. El refugio se toma en las Tres Joyas (también conocidas como la Triple Gema o los Tres Refugios). Son los tres soportes en los que se refugia un budista.
Los primeros textos describen los saṅgha como un “campo de mérito”, porque los primeros budistas consideran que las ofrendas a ellos son especialmente fructíferas desde el punto de vista kármico[5] Los devotos laicos apoyan y veneran los saṅgha, de los que creen que les reportarán mérito y les acercarán a la iluminación[8] Al mismo tiempo, se otorga al monje budista un papel importante en la promoción y el mantenimiento de la fe entre los laicos. Aunque en el canon se mencionan muchos ejemplos de monjes que se comportan bien, también hay casos de monjes que se comportan mal. En estos casos, los textos describen que el Buda responde con gran sensibilidad a las percepciones de la comunidad laica. Cuando el Buda establece nuevas reglas en el código monástico para hacer frente a las malas conductas de sus monjes, suele afirmar que ese comportamiento debe ser frenado, porque no “persuadirá a los no creyentes” y “los creyentes se apartarán”. Espera que los monjes, las monjas y los novicios no sólo lleven la vida espiritual en su propio beneficio, sino que también defiendan la fe del pueblo. Por otra parte, no deben llevar la tarea de inspirar la fe hasta el punto de la hipocresía o la inoportunidad, por ejemplo, asumiendo otras profesiones aparte de la de monje, o cortejando favores regalando objetos a los laicos[1][2].