Principios budismo

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El libro de la alegría

Exploraremos el papel de las religiones en la política y las relaciones sociales en Asia oriental y meridional, y en China en particular, y analizaremos los orígenes, las enseñanzas centrales, las divisiones y las ramas, los rituales y las prácticas, las influencias en la cultura y las respuestas a los retos modernos de cada tradición.
A lo largo del curso se hará hincapié en las dificultades hermenéuticas que conlleva el estudio de la religión en general, y de las religiones asiáticas en particular. Exploraremos las nuevas religiones asiáticas como fuerzas dinámicas y continuas en la vida de los individuos y en la experiencia colectiva de las sociedades modernas.

El óctuple camino del budismo

El Noble Óctuple Sendero es una de las principales enseñanzas del budismo, que se enseña que conduce a la Arhatship[13]. En la tradición Theravada, este camino también se resume en sila (moralidad), samadhi (meditación) y prajna (perspicacia). En el budismo mahayana, esta vía se contrapone a la vía del Bodhisattva, que se cree que va más allá de la Arhatship hasta la plena Budeidad[13].
Según el indólogo Tilmann Vetter, la descripción del camino budista puede haber sido inicialmente tan simple como el término el camino medio[7]. Con el tiempo, esta breve descripción se elaboró, dando lugar a la descripción del óctuple camino[7]. Tanto Tilmann Vetter como el historiador Rod Bucknell señalan que se pueden encontrar descripciones más largas del «camino» en los primeros textos, que pueden condensarse en el óctuple camino[7][22].
En la triple división, el prajna (discernimiento, sabiduría) se presenta como la culminación del camino, mientras que en la óctuple división el camino comienza con el conocimiento correcto o discernimiento, que es necesario para entender por qué se debe seguir este camino[39].

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A menudo se compara a Buda con un médico. En las dos primeras Nobles Verdades diagnosticó el problema (el sufrimiento) e identificó su causa. La tercera Verdad Noble es la constatación de que existe una cura.
Los seres humanos están sujetos a deseos y ansias, pero incluso cuando somos capaces de satisfacer estos deseos, la satisfacción es sólo temporal. El placer no dura; o si lo hace, se vuelve monótono.
Algunas personas que se encuentran con esta enseñanza pueden encontrarla pesimista. Los budistas no la encuentran ni optimista ni pesimista, sino realista. Afortunadamente, las enseñanzas de Buda no terminan con el sufrimiento, sino que continúan diciéndonos qué podemos hacer al respecto y cómo acabar con él.
Nuestros problemas cotidianos pueden parecer tener causas fácilmente identificables: la sed, el dolor de una herida, la tristeza por la pérdida de un ser querido. Sin embargo, en la segunda de sus Nobles Verdades, Buda afirmó haber encontrado la causa de todo el sufrimiento, y está mucho más arraigada que nuestras preocupaciones inmediatas.
El ojo arde, las formas arden, la conciencia de los ojos arde, el contacto con los ojos arde, y todo lo que se siente como agradable o doloroso, o ni doloroso ni agradable, que surge con el contacto con los ojos como condición indispensable, también arde. ¿Arder con qué? Ardiendo con el fuego de la lujuria, con el fuego del odio, con el fuego de la ilusión. Digo que arde con el nacimiento, el envejecimiento y la muerte, con las penas, con las lamentaciones, con los dolores, con las penas, con las desesperaciones.

El corazón del buda…

A menudo se compara al Buda con un médico. En las dos primeras Nobles Verdades diagnosticó el problema (el sufrimiento) e identificó su causa. La tercera Verdad Noble es la constatación de que existe una cura.
Los seres humanos están sujetos a deseos y ansias, pero incluso cuando somos capaces de satisfacer estos deseos, la satisfacción es sólo temporal. El placer no dura; o si lo hace, se vuelve monótono.
Algunas personas que se encuentran con esta enseñanza pueden encontrarla pesimista. Los budistas no la encuentran ni optimista ni pesimista, sino realista. Afortunadamente, las enseñanzas de Buda no terminan con el sufrimiento, sino que continúan diciéndonos qué podemos hacer al respecto y cómo acabar con él.
Nuestros problemas cotidianos pueden parecer tener causas fácilmente identificables: la sed, el dolor de una herida, la tristeza por la pérdida de un ser querido. Sin embargo, en la segunda de sus Nobles Verdades, Buda afirmó haber encontrado la causa de todo el sufrimiento, y está mucho más arraigada que nuestras preocupaciones inmediatas.
El ojo arde, las formas arden, la conciencia de los ojos arde, el contacto con los ojos arde, y todo lo que se siente como agradable o doloroso, o ni doloroso ni agradable, que surge con el contacto con los ojos como condición indispensable, también arde. ¿Arder con qué? Ardiendo con el fuego de la lujuria, con el fuego del odio, con el fuego de la ilusión. Digo que arde con el nacimiento, el envejecimiento y la muerte, con las penas, con las lamentaciones, con los dolores, con las penas, con las desesperaciones.