La revolución silenciosa

La revolución silenciosa

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La revolución silenciosa (en alemán: Das schweigende Klassenzimmer) es una película dramática alemana de 2018 dirigida por Lars Kraume[3][4] que cuenta la historia de una clase de instituto en la comunista República Democrática Alemana, que guarda un momento de silencio en su aula por las víctimas de la fallida revolución húngara anticomunista de 1956. Este pequeño acto de solidaridad tiene consecuencias imprevistas, que afectan a los niños, a sus padres y al consejo escolar. La película está basada en una historia real contada en un libro del mismo nombre por Dietrich Garstka (1939-2018), uno de los estudiantes[5].
A finales de 1956, antes de la construcción del Muro de Berlín en 1961, los estudiantes de secundaria de la Alemania Oriental (RDA) Kurt y Theo van en secreto al cine de Berlín Occidental. Ven un noticiario y se enteran del levantamiento anticomunista húngaro. De vuelta a casa, en Stalinstadt, convencen a algunos miembros de la clase para que visiten la cercana casa de Edgar, el tío abuelo de uno de los estudiantes, Paul. En casa de Edgar, los estudiantes escuchan la emisora de radio RIAS, que emite desde Berlín Occidental. Mientras escuchan, se enteran de la muerte de Ferenc Puskás, un futbolista húngaro adorado por los estudiantes. Kurt consigue convencer a la mayoría de la clase para que guarden un minuto de silencio por las víctimas de Hungría antes de empezar la clase. Esto molesta a su profesor, y el alumno Erik le dice que es un acto de protesta. Tras reunirse de nuevo en casa de Edgar, la clase hace una votación y decide mentir sobre lo sucedido, y decir que fue un momento de luto por el futbolista Puskás.

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Una fascinante nota a pie de página de la historia alemana de mediados del siglo XX recibe un tratamiento previsiblemente digno por parte del guionista y director Lars Kraume en “La revolución silenciosa”, una de esas ficciones históricas profundamente respetuosas en las que se permite el desarrollo del carácter de los buenos y los malos siguen siendo en gran medida muy, muy malos. Ambientada en 1956, cuando una clase de bachillerato de Alemania Oriental guardó subversivamente dos minutos de silencio por los que acababan de ser asesinados en la Revolución Húngara, la película se ciñe a una narración clásica de la corriente principal (basada aproximadamente en las memorias de uno de los participantes) en la que el único elemento imprevisto es un extraño revestimiento cristiano. Es probable que la taquilla en Alemania y Austria sea fuerte, pero aparte de alguna distribución en Europa continental, es difícil que consiga algún tipo de tracción internacional.
Ansiosos por conocer más noticias, los chicos se enteran de que su compañero de colegio Paul (Isaiah Michalski) tiene un excéntrico tío Edgar (Michael Gwisdek) con una radio sintonizada con las emisiones de la RIAS patrocinada por Estados Unidos, por lo que un grupo de la clase se reúne allí por las tardes y se entera de que su héroe futbolístico Ferenc Puskás fue asesinado en la revolución (posteriormente se demostró que la noticia era falsa). Con la supuesta muerte del deportista como excusa oficial, Kurt propone un momento de silencio en clase para honrar a los caídos húngaros.

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La revolución húngara de 1956 inspira a unos cuantos adolescentes de Alemania del Este a organizar una protesta sin palabras con consecuencias de gran alcance en la atractiva película La revolución silenciosa (Das schweigende Klassenzimmer). Después de haber realizado el premiado drama El pueblo contra Fritz Bauer, que se centraba en la caza de Adolf Eichmann por parte del fiscal general del Estado judío en 1957, el director Lars Kraume vuelve a la carga con otra historia real ambientada en la Alemania de posguerra, situada exactamente un año antes y protagonizada no por viejos estirados sino por adolescentes idealistas y hormonados.
Este título especial de la Berlinale debería suscitar el interés de los mercados de habla alemana familiarizados con su contexto histórico, aunque la inesperada transformación de la película, que pasa de ser una pieza histórica seria a una película lacrimógena excesivamente melodramática, hará que sea más difícil de vender en el extranjero.
Theo (Leonard Scheicher) y Kurt (Tom Gramenz) son dos adolescentes de Stalinstadt, Alemania del Este, que viajan a Berlín Occidental para visitar la tumba del abuelo de Kurt, un antiguo oficial de las SS. (Aunque había controles fronterizos, el Muro de Berlín no se levantaría hasta 1961.) Antes de volver a casa, los curiosos chicos deciden ir a ver la película de pin-ups Liane, Jungle Goddess, del director de Alemania Occidental Eduard von Borsody. En el cine, no sólo ven los voluptuosos pechos de la estrella Marion Michael, sino también un noticiario sobre el levantamiento húngaro contado desde el punto de vista de Alemania Occidental, que están deseando compartir con sus compañeros de clase de Alemania Oriental.

Die glatzkopfb…

1956. Durante una visita a un cine de Berlín Occidental, Theo y Kurt, alumnos de un instituto de Alemania Oriental, ven unas inquietantes imágenes de un noticiario sobre el levantamiento de Budapest. De vuelta a Stalinstadt, uno de los asentamientos obreros más emblemáticos de la RDA, se les ocurre guardar un minuto de silencio en clase por las víctimas de la lucha húngara por la libertad. Ni los chicos, ni sus padres, ni la dirección del colegio están preparados para las reacciones menores y mayores que desata su expresión de solidaridad. El director de la escuela trata de desestimar el incidente como una travesura juvenil y solucionarlo internamente, pero los alumnos se ven atrapados en la maquinaria política de un Estado decidido a darles un escarmiento. El ministro de Educación condena su acto como contrarrevolucionario y exige a los alumnos que nombren a su cabecilla. El director y guionista Lars Kraume ha elegido a actores prometedores para los papeles principales y a actores consagrados para los secundarios en su adaptación del libro homónimo de Dietrich Garstka, en el que éste cuenta sus propias experiencias personales y las de sus 18 compañeros de clase. Un capítulo conmovedor de la historia alemana de posguerra.